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Suda51, ¿el Tarantino de los videojuegos?

Una breve semblanza del creador japonés más interesante de los últimos años.

Goichi Suda, mejor conocido como Suda51 es un director y desarrollador de videojuegos nacido el 2 de enero de 1968. En su haber tiene más de una veintena de juegos entre los que destacan Killer 7, Lollipop Chainsaw, Contact, Killer is Dead y la saga No More Heroes. 

La relación entre el afamado director y escritor japonés y Quentin Tarantino es más cercana de lo que parece. Ambos revolucionaron su nicho desde la independencia, guardan una serie relación con la violencia, los diálogos irónicos y la cultura pop.

Aunque Suda51 siempre niega la influencia del director de cine en su obra, reconoce la inspiración del director Kinji Fukasaku, conocido por Battle Royale (sí esa preciosa obra japonesa que sirvió para adaptar The Hunger Games), Virus y Tora! Tora! Tora!

La comparación con Quentin viene a partir de la construcción de personajes y nivel narrativo creado en las obras audiovisuales de ambos realizadores. La construcción de trabajos que se sienten tan genuinos y cercanos que atrapan a la audiencia hasta volverse piezas de culto. Ambos creadores comparten una visión transgresora y una actitud defensiva en la forma de generar su trabajo. Son, en muchos aspectos, un reflejo se mueve a su propio ritmo en dos de las industrias creativas más poderosas de la actualidad.

Suda51 es considerado un innovador en su campo, un rebelde en la forma de trabajar. Considerado un creador de juegos punk, especialista en crear videojuegos fuera de la gran audiencia que consume shooters y juegos de deportes, busca crear piezas de arte interactivo. En general, la historia de sus desarrollos rompe géneros, nunca hace lo mismo y busca siempre experimentar en géneros distintos. Un viaje que disfruta realizar con la compañía de los gamers.

Siempre en movimiento

Suda51 rompe diversos esquemas en la creación de guiones. No encasilla, no se detiene y siempre abre el abanico de posibilidades para saltar en nuevas historias. A diferencia de otros genios del “octavo arte”, no tiene miedo en separarse de los personajes. Las franquicias no forman parte del vocabulario salvo en un caso tan personalmente cercano como No More Heroes (Y sí, tiene múltiples guiños a Kill Bill de Tarantino).

Del mismo modo, el creador nipón rompe a los personajes de sus historias, con universos extravagantes, únicos y dispersos, dónde parece que solo hay una salida pero al final aparecen múltiples opciones; además de llevar al héroe por una serie de metáforas tan humanas fuera de lo predispuesto en la industria y su fuerte visión euro céntrica.

El héroe y la batalla con el villano

Los héroes de los juegos de Suda51 guardan una relación muy personal con los villanos. Existe una creatividad profunda en crear la historia de enemistad fuertemente vinculada en la creatividad de los protagonistas. La galería de villanos es tan amplía que incluye a personajes tan sui generis como un cartero convertido en superhéroe, una modelo sueca de una sola pierna y una chica rica que literalmente usa a sus secuaces vestidos de cuero como balas de cañón.

Quizá suena muy normal en una era donde los jefes finales carecen de todo carisma y alma, pero la visión del desarrollador comparte mucho con la del director norteamericano: entienden lo impactante que es para la historia y el espectador una batalla épica entre el bien y el mal. La relación llega a ser tan fuerte que los usuarios lo atesoran mucho tiempo después.

Sin miedo a los riesgos

Si algo quedo claro es la relación tan cercana que tiene Goichi Suda sus personajes, y al igual que Quentin Tarantino no deja de arriesgar en la presentación de los mismos. Por ejemplo, Lollypop Chainsaw nos pone en el control de Juliet Starling, una cheerdleader californiana que se dedica a desmembrar zombies con una sierra eléctrica. Un personaje fuera de lo convencional con un argumento arriesgado. Sin embargo y contra toda apuesta el juego funcionó. Lo sabemos, no vendió millones de copias como FIFA de EA Sports, pero quedo grabado como uno de los mejores juegos de culto de la generación pasada de consolas.

En este sentido, las creaciones de Suda trasgreden el tiempo porque dentro del riesgo encuentra la fórmula para hacerlo funcionar. Obtiene historias y personajes memorables a partir de presentar matices y conjeturas fuera de la caja de la industria del videojuego. Y eso sencillamente lo hace un visionario.

¿Quién necesita premios?

Suda guarda un aspecto muy cercano con Quentin Tarantino que puede sorprender: nunca hacen obras para el reconocimiento general en su respectiva industria. Si bien el cineasta es reconocido y tienen algunos premios menores, jamás ha buscado hacer una cinta que complazca a la crítica especializada. El único afán es entretener y mover fibras (sentimentales y cognitivas) con la audiencia.

El realizador japonés va por el mismo camino, no le hemos visto estar a la cabeza del próximo juego rompe ventas o vende consolas. ¡Al contrario! Va en la retaguardia buscando el sistema que logre adaptar la narrativa interactiva que tiene en mente, nunca firma una exclusividad con alguna marca. Quizá lo anterior le reduzca las posibilidades por ser mundialmente reconocido o ser un referente tan poderoso como Hideo Kojima o Shigeru Miyamoto.

Sin embargo si algo le vamos a agradecer en el futuro es el eterno amor que le impregna a sus juegos con finas referencias a todo lo que lo impulsó a crear cada detalle. Algo que actualmente queda muy por fuera de la media de las productoras y quizá solo por atrás de Rockstar Games.

Innovación narrativa

Ya dejamos clara las similitudes entre ambos creadores, y en éste punto no habría necesidad de explicar el objeto de culto que son sus obras. A pesar de todo existe un puente más entre ambos que tiene que ver con la narrativa. La clave para lograr el efecto que desean en su audiencia radica en la naturalidad con que el espectador pregunta sobre lo que ve en pantalla.

Vamos, existe una pregunta constante sobre si o que está sucediendo realmente está sucediendo o hasta dónde llegaran los protagonistas por alcanzar su objetivo. Más allá de la espectacularidad gráfica lo que la gente ama de los dos artistas radica en la forma en que cuentan historias con un fuerte impacto visual y argumentativo. Por eso son tan entrañables, porque logran conectar y sorprender.

Hacen que valga la pena la espera

Si voy a rematar con un último argumento tiene que ser éste. Ni Suda51, y menos Tarantino, son conocidos por ser máquinas de producción masiva. Le dan tiempo a cada trabajo, lo pulen y logran entregar un producto que va directo a sus fanáticos pero también le hace guiños al público masivo. Ambos logran que la espera por un nuevo juego (o una cinta) sea considerada como en el calendario de millones de personas. Quizá no lancen cintas sin parar como Marvel Studios, ¡pero por favor! Lo que dejarán al final será una fuerte influencia en la cultura pop del futuro.

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