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#Indispensables: The Tijuana Sessions Vol. 1, el disco que cambió la música electrónica mexicana

La década de los noventas llegaba a su final con ofertas de esperanza y apertura para la incipiente escena sonora mexicana. El Vive Latino nacía como un espacio para industrializar los proyectos musicales emergentes, los festivales alternativos y con causa social inundaban la periferia capitalina y planteles de universidades. Parecía que era el mejor momento para poner atención a los músicos mexicanos. El foco de atención recayó en la Ciudad de México y su alta concentración de jóvenes. Un paraíso para los músicos y disqueras desde tiempo inmemorial.

Mientras tanto, en una ciudad fronteriza con poco más de 1 millón de habitantes surgía uno de los movimientos musicales más importantes de finales del siglo. En “la esquina de Latinoamérica” comenzaba un mestizaje sonoro sin comparación; un movimiento que brillaba por su atrevimiento y original. Nacía el sonido Nortec.

Con una escena electrónica mexicana pasmada en raves en Cuernavaca y Tepetongo, los oídos mexicanos no arriesgaban más allá del sonido “Polymarchs” y el Tecnhotronic rebajado por las estaciones de radio. La escena underground entronaba a los DJ, que poco a poco ganaron presencia gracias a los “antros” y clubes nocturnos.

Tijuana es un oasis dicotómico; pasearse por sus calles deja muy en claro  el significado de la cultura mexicoamericana: casas de cambio en la misma proporción que Oxxos, dólares como propina en restaurantes y canales de televisión “gringos” en la televisión abierta. Nuestra última frontera abraza con gusto sus hermanos de Otay y convive con un solo sentimiento: no somos ni tan de aquí, ni tan de allá… Somos de TJ.

En ese caldo de cultivo social y cultural nació Nortec Collective. Cuenta la leyenda urbana que en un momento de lucidez Pepe Mogt decidió abrazar el sonido de los conjuntos norteños. Lo adoptó como un elemento adicional en el proceso creativo de la música electrónica. Paso a paso una serie de compañeros, amigos y DJ empezaron un trabajo de construcción de sentido colectivo. Sin darse cuenta habían comenzado un movimiento cultural sin precedentes en nuestro país.  

Nortec Collective agrupaba a Bostich, Fussible, Panóptica, Clorofila, Hiperboreal, Terrestre y Plankton Man. Además de videoastas, artistas gráficos y creadores digitales en búsqueda de manifestar el espíritu creador de la juventud fronteriza. Con dinero propio, el colectivo edita uno de los discos más importantes y vanguardistas de la música electrónica en México: The Tijuana Sessions Vol. 1. 

El disco contó con la colaboración de los artistas Fritz Torres y Jorge Verdín en el arte y portada. Una de las más destacadas de los últimos años en México. En su interior encontramos 14 tracks estrictamente curados por Pepe Mogt y Ramón Amezcua, donde cada miembro del colectivo muestra una faceta de la escena electrónica de Tijuana.  Cada track significó un golpe de novedad creativa a la estancada escena musical mexicana, desde los toques industriales de “Tijuana for Dummies” de Hiperboleal, hasta el viaje barroco y fantástico de “Polaris” de Bostich. Sin olvidar piezas tan complejas como “Ventilador” de Fussible o “El lado oscuro de mi compadre” de Terrestre.

El valor del primer material de Nortec Collective, va más allá de un simple viaje hacia las entrañas de la frontera norte de México, también representa un momento de cambio y golpe creativo para una industria musical que crecería enormemente en la primera década del siglo XXI. El mundo recibió con los brazos abiertos el sonido particular del beat electrónico y la banda norteña… El sonido que enorgullece a Tijuana y que toma el nombre del  colectivo artístico que le dio vida: Nortec.

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