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Etnotrónica, el verdadero sonido mexicano.

¿Etno kha?

Las manifestaciones creativas no respetan sesgos sociales, geográficos o étnicos. En todas las latitudes de nuestro planeta existen creativos experimentando caminos para reflejar su identidad. México no escapa del fenómeno y lo refleja en diversas disciplinas, particularmente en las manifestaciones sonoras.

Arraigados en el centro de México, particularmente en los estados de Tlaxcala y Puebla, el movimiento etnotrónico comenzó a asomar las gloriosas plumas del penacho en tiempo reciente. Creadores con fuerte arraigo a las raíces originarias del país, demuestran que la tecnología y las manifestaciones culturales modernas están alejadas de la cultural mexicana originaria.

Aquí es donde la música electrónica funciona como puente entre la modernidad y la falsa idea de la cultura vetusta, lejana y detenida en el tiempo de los pueblos originarios. No hay error más común y prejuicioso que pensar en las culturas originarias detenidas en el tiempo, preservando tradiciones y renunciando a “integrarse” a la sociedad “moderna”. Falso.

La etnotrónica nos permite adentrarnos en un mundo de sonidos, que si bien rescatan valores étnicos, también explorar tendencias de la música electrónica. Actualmente, destacan un par de proyectos, que sí bien no son arropados por los medios de música en nuestro país, si lo gran llamar la atención en mercados globales, mucho más cercanos a explorar y entender la etnicidad sonora.

Zompantli, un DJ poblano, radicado en Nueva York, que combina perfectamente los sonidos prehispánicos con música techno y house. El resultado sorprende, sobre todo por la frescura y normalización del concepto de música prehispánica. Logra darle un acercamiento certero entre lo contemporáneo y el rescate histórico de la etnicidad.

En segundo lugar tenemos un proyecto mucho más complejo, tanto en el planteamiento profundo, como en la ejecución sonora. IPB (acrónimo de Ignacio Peréz Barragán) presenta no solo un set de música etnotrónica avasallador, inteligente y arraigado en raíces profundas del sentir mexicano; también pone en primer plano la cultura precolombina.

El movimiento, más que sonoro, también rompe estigmas del lenguaje, revitalizando al náhuatl como una lengua viva, única y de uso corriente para millones de personas en México. Dentro de la propuesta del artista, también hay exploración y experimentación visual; logrando encabezar un movimiento que puede tener los alcances logrados por el Colectivo Nortec hace una década.

Redacción

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